domingo, 20 de abril de 2008

EL TESORO


La vida es una búsqueda, una constante búsqueda, una búsqueda desesperada, una búsqueda sin esperanzas… una búsqueda en pos de algo que uno desconoce. Hay una profunda urgencia de buscar, pero uno no sabe lo que está buscando. Hay un cierto estado mental en el que cualquier cosa que obtengas no te va a proporcionar satisfacción alguna. La frustración parece ser el destino de la humanidad, porque todo aquello que obtienes deja de tener importancia. En el instante en que lo alcanzas empiezas a buscar de nuevo.
Parece que existe una brecha en el ser humano, en la mente humana. En la estructura misma de la consciencia humana parece que existe un agujero, un agujero negro. Sigues lanzándole cosas y ellas siguen desapareciendo, parece que nada lo llena, parece que no hay nada que lo pueda llenar. Es una búsqueda desesperada. Lo buscas en este mundo, lo buscas en el otro mundo, a veces lo buscas en el dinero, en el poder, en la fama y a veces lo buscas en Dios, en la dicha, en el amor, en la meditación, en la oración, pero la búsqueda continua. Parece que el hombre padece la enfermedad del buscar.
Para el autentico buscador, para el buscador que está un poco alerta, consciente, lo primero es definir la búsqueda; es formular un concepto nítido de ella, de lo que es, sacándola de la consciencia que sueña, enfrentándola con profunda atención, mirándola en ella directamente, encarándola. Inmediatamente empieza a suceder una transformación. Si empiezas a definir lo que buscas, empezaras a perder tu interés en la búsqueda. Cuanto más definida resulte menos se hará presente. Una vez sabes con claridad lo que es, de repente desaparece. Existe solamente cuando tú no estás atento. Cuando tus ojos están absolutamente fijos de repente no hay nada que buscar. De inmediato tus ojos empiezan a volverse hacia ti mismo. Cuando no hay un objeto para la búsqueda, cuando todos los objetos han desaparecido, aparece el vacio. En ese vacío surge el cambio de rumbo. El ir hacia dentro. De repente empiezas a mirarte a ti mismo. Ahora no hay nada que buscar y surge un nuevo deseo de conocer a este buscador.
Poco a poco cuando te hayas ajustado a la luz interior verás que tú eres la misma fuente.
El que busca es lo buscado.
Entonces verás que el tesoro está dentro de ti.



Osho

Fragmentos de "El Arte de Morir"

1 comentario:

Nur dijo...

Soy una montaña rusaaa que subeee que baaaja....