sábado, 26 de julio de 2008

Encuentro con la sombra

La sombra personal es el lado negativo de la conciencia del ego. Podemos personalizarlo en una imagen dura, fríamente objetiva, inamistosa y despiadada, que aísla y le compele a uno a seguir su propio camino como el resultado kármico de frustraciones, miedos y malas acciones del pasado. Es el producto de nuestra inseguridad y nuestro miedo, la corporización del karma acumulado.
El enfrentamiento con las sombras es una experiencia inevitable en el proceso de educación de la personalidad, porque no puede haber integración ni realización de la personalidad sin la eventual asimilación de los poderes que están fuera de nuestra amurallada estructura del ego.
El encuentro consigo mismo sería verse tal cual es uno; sombras y luz, una vez fuera los amorosos adornos, los halagos, la pompa y las dulces ilusiones que se construyeron en torno del ego. A la sombra se la encuentra siempre que uno es obligado a afrontar el duro desafío de las circunstancias que destruyen la felicidad, o las graves presiones internas que le obligan a cuestionar lo que cómodamente diera por sentado. Igualmente cuando el discípulo está decidido a superar su ignorancia, egocentrismo y naturaleza negativa. Es una expresión de la resistencia de esas fuerzas, sociales o individuales, cuya posición privilegiada depende de la preservación del orden viejo. Esto libera una sombra que bloquea a la nueva voluntad, gesticulando contra el triunfo inevitable (aunque demorado) del Poder Creador en el individuo o la sociedad.

El único modo de disipar esa Sombra y el miedo que inspira es absorber y asimilar el Poder creativo que es la Luz de la Sabiduría. A este proceso algunos autores le llamaron “teosíntesis”. Consiste en encontrar el centro vital de toda autoeducación real de la personalidad, que trasmuta el miedo en fe, los soplos de tragedia en posibilidad de crecimiento interior.
El miedo surge en el proceso del desarrollo de la personalidad, cuando el individuo en maduración se halla confrontado con las sombras proyectadas por su rechazo a afrontar constructivamente los desafíos de un nuevo orden de vida y conciencia.
Cuando tales rechazos se acumularon a través de una larga serie de ciclos, en una civilización o individuo de elevado desarrollo espiritual, la confrontación con la Sombra puede llegar a ser cataclísmica, pero en la mayoría de los casos se experimenta como un miedo algo incontrolable a lo desconocido, haciendo que nos retraigamos en dar el paso audaz, cruzando el umbral que, a través de la vasta oscuridad del inconsciente, nos conduciría hasta el reino de los misteriosos poderes genéricos y colectivos, los Arquetipos.

Toda posibilidad puede llegar a ser una realidad positiva o negativa. Si el miedo tiende a convertirla en una manifestación negativa, la fe la transforma en un hecho positivo. Llegar a la madurez es haber vencido sobre el miedo a la responsabilidad y a perderse en un Yo mayor. La verdadera vida de la personalidad es una vida de victorias siempre renovadas. Al menos hasta donde conocemos, no hay victorias finales.
El principal problema de la educación de la personalidad es, por tanto, la transmutación del miedo en fe. “El encuentro con la sombra es el encuentro con uno mismo”, Pero si se enfrenta con valentía y fe, la sombra desaparece.

El conflicto entre el consciente y el inconsciente, la luz y las tinieblas, no es bueno ni malo, sino necesario para el crecimiento, ya que de él puede surgir la integración y una conciencia más amplia. Como dirían los alquimistas: “la sombra es el símbolo del plomo que debe llegar a ser el oro del Espíritu”.
Las sombras son agentes del karma negativo acumulado, que con su carga de limitaciones nos cierra el paso hacia delante. Pero tal bloqueo no es absoluto simplemente ocurre que para avanzar hay que vencer esos límites que nos detienen y prueban nuestras fuerzas, dándonos a la vez la posibilidad de desarrollar nuestros poderes superiores, al vencer los obstáculos con una fuerza contraria y de mayor intensidad. A mayor obstáculo, mayor será la fuerza a desarrollar para vencerlo. Todo tiene su compensación positiva.
Existen las deudas pendientes, forjadas por todo aquello que nos hace incoherentes con la Naturaleza. Tarde o temprano –dicen los textos de ética atemporal del mundo antiguo- la encrucijada espera a todos los hombres, si quieren avanzar, escapar de la guerra es retrasarla, y dar al enemigo la oportunidad de fortalecerse y matarnos por al espalda.
Aunque las sombras nos rodeen hoy, podemos disiparlas con ese Sol invencible que lucha detrás de las tinieblas, para iluminar nuestra vida y la de todos los seres que se quieran acoger a su eterna Luz.

Hay fuerzas ancestrales y transformadoras en nosotros que nos impulsan hacia Arriba y hacia delante; aliémonos con ellas y conquistemos día a día ese tesoro que nos ofrecen a cambio de nuestro Valor; la Sabiduría de recordar y saber quiénes somos realmente más allá de las sombras presentes. Esa que nos otorgará para el camino y la escalada, el entusiasmo necesario para no perder la Fe y la Esperanza y levantarnos “mil veces y más” si son necesarias, cada vez más fuertes y generosos, seguros de la Victoria final sobre la oscuridad interna y exterior.

Mª Dolores Villegas
Gijón- 1992

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