viernes, 25 de julio de 2008

Las múltiples caras de la Luna


Si multiplicamos 28 días por 13 meses, terminamos con un total de 364 días. Argüelles argumenta que para que este año lunar concuerde con el año solar, se le debe añadir un día extra, un día llamado el día fuera del tiempo, al cual ni siquiera se le asigna un día de la semana. Un día en el limbo designado para sincronizar el tiempo de los cuerpos estelares con los eventos de la tierra. Así, en vez de tener un año solar determinado por meses asimétricos, desiguales, y arbitrarios como los meses del calendario gregoriano, tenemos aquí un calendario lunar totalmente simétrico, con 13 meses idénticos, sincronizado con el año solar de 365 días. Así, un miércoles del segundo mes lunar siempre va a caer en el mismo día de la semana cada año (contrario a las fechas del calendario gregoriano, las cuales sólo se repiten cada 28 años – o sea, que cuando cumpliste 28 años fue el mismo día de la semana en el cual naciste). Para sincronizar totalmente ambos ciclos, los de la luna con el del sol, otro día fuera de tiempo extra deberá de ser añadido cada cuatro años, a manera de día bisiesto (Argüelles, tratando de mantener las resonancias de los ciclos galácticos, observados por los mayas de la antigüedad, sugiere un festival de 13 días fuera del tiempo cada 52 años)


25 de julio, día fuera del tiempo

Siguiendo uno de los tres calendarios mayas, Argüelles comenta que de acuerdo al Haab, el antiguo calendario maya de 365 días, que hoy 25 de julio es el día fuera del tiempo (mañana es el año nuevo). En distintas comunidades pequeñas a través del mundo, comunidades intelectuales que están aprendiendo las sutilezas del calendario lunar maya, hoy se celebra el día fuera del tiempo. Hoy, sin ningún tipo de limitación cultural, es el día perfecto para celebrar los ciclos sincronizados de nuestra existencia, desde lo más personal, hasta lo más celestial. Hoy es un gran día para celebrar, y para recordarnos que los mejores tiempos aún están por venir.

El calendario lunar de Mark Dancey

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