domingo, 26 de octubre de 2008

El Beso

El beso, aunque nos fastidie, pertenece a la derecha. Esa es, al menos, la conclusión a la que ha llegado Onur Güntürkün, un investigador alemán de origen turco al que le ha dado por realizar una investigación empírica -publicada en la revista Nature-en la que indaga hacia qué lado se inclinan los enamorados al besarse. Y un 66% lo hacen hacia la derecha. ¿Por qué? Pues porque somos como niños y porque nuestro cerebro tiene una funcionalidad asimétrica, dide Güntürkün. Y es que eso de ser como niños y la asimetría cerebral van de la mano: los fetos, en el seno de la madre, tienen una clara preferencia por el lado derecho para echar una cabezadita.

El besar debe de ser muy bueno, según dicen, por lo genético, por lo cultural, por lo afectivo... y por ser un ejercicio pausado, frenético pero, sobre todo, un saludable mecanismo liberador de oxitocina y adrenalina y un efectivo, aunque modesto, consumidor de calorías. Que el beso es bueno y agradable no es un gran descubrimiento científico, ya que todos lo hemos vivido en nuestras carnes (y en nuestros labios). Pero como los científicos no se ponen de acuerdo, lo mismo nos hablan de los beneficios del intercambio salivar como mecanismo para evitar infecciones que nos alertan de sus peligros: tenemos algún atisbo de contagio de hepatitis o herpes y el bajo rendimiento de Federer nos ha recordado la mononucleosis («enfermedad del beso», la llaman). Pero el colmo de los colmos se lo llevan las alergias. Resulta que besar a nuestra pareja nos puede dar alergia. Yo creía que la alergia nos la daría la pareja en cuanto tal, pero no. Es el beso, sobre todo si lleva el aditivo de trocitos de cacahuetes y a ti te da por ser alérgico. Por lo tanto, habría que catalogar a los besos de pareja como un caso especial de alergias alimentarias.
Lo malo del beso es que, según dicen, es sustituible: unas buenas onzas de chocolate nos pueden llenar de más placer que un beso desencajado. Nos estimula, nos acelera el ritmo cardíaco y nos pone como una moto. Lo malo de lo malo del chocolate, es que también puede dar alergia. Con o sin cacahuete. Así que sólo nos queda hacer como Onur Güntürkün: ir al aeropuerto, a la estación de autobuses y a picaderos urbanos o rurales varios para fisgar y, de paso, hacer un estudio exhaustivo del arte del ósculo. Y, mientras tanto, mordernos nuestras ganas, nuestra frustración... y nuestras alergias. Y ahí es donde esta entrada, que ha empezado muy de derechas, ha acabado tristemente torcida. Y es que estoy muerto. De inanición, seguramente.

(La foto es de Michelle Brea)

1 comentario:

Nur dijo...

muac muac muac !