domingo, 14 de junio de 2009

El Kéfir

Fundamental y tradicionalmente, la palabra kéfir vendría a significar “bendición” en turco, aunque, a su vez, derivaría de la palabra “lef” o “kefy” que significa “sabor agradable”. Y es que, en lugares como en el Cáucaso, zona donde el kéfir ha sido consumido durante miles de años, dado que, por ejemplo, los antiguos Sumerios ya lo disfrutaban, las personas viven hasta 110 y 125 años, manteniéndose, siempre, en muy buena forma.

No en vano, muchos son los científicos que, durante años, lo han investigado. Por ejemplo, investigadores de Japón, como el profesor Nokimowa, dedicaron toda su vida a estudiar su valor; entre ellas, curaba los diferentes y diversos desarreglos del estómago, las enfermedades del hígado, las enfermedades del sistema respiratorio, la vesícula biliar y los riñones, o infecciones intestinales crónicas, entre otros.
Principalmente, el kéfir es una estructura polisacárida donde conviven en cierta simbiosis diversos microorganismos, que adoptan forma de una masa gelatinosa, de un característico color blanco (o a veces amarillento), irregular, y de consistencia elástica.
En sus granos o nódulos, encontramos en la citada asociación simbiótica bacterias (en especial, lactobacilus brevis, lactobacilus acidophilus, lactobacilus desidiosus, y estreptococos lácticos), y levaduras, responsables en sí de general la doble fermentación por la cual es claramente característica: ácido-láctica y alcohólica.



Está compuesto por bacterias heterofermentativas y homofermentativas, levaduras fermentadoras y bacterias ácido acéticas. Y es que, tradicionalmente, sus nódulos se generaban como consecuencia de cuajar la leche fresca en cántaros de madera, cuyo proceso era fundamental para conservar los diversos excedentes lácteos ante la ausencia evidente de refrigeradores.
No en vano, si colocamos nódelos de kéfir en leche fresca, se produce una doble fermentación: aquella realizada por las levaduras, y otra por las bacterias.

Aplicaciones:

Enfermedades de tipo nervioso, úlceras internas, catarros bronquiales, esclerosis, infarto cardíaco, problemas de vesícula, de hígado, riñones, ictericia, enfermedades del estómago e intestinos, diarreas, estreñimiento, intestino perezoso, anemia, leucemia, dermatitis y eczemas.

Su uso continuado produce muy buenos efectos en convalecencia después de graves enfermedades. También da buenos resultados en alergias de la piel, embarazo y en las molestias femeninas del bajo vientre.

El Kéfir previene putrefacciones intestinales y contribuye a la depuración del organismo. Se debe beber diariamente, no altera la digestión y es asimilado con rapidez por la sangre.

Cuando se tienen afecciones crónicas, se debe beber gran cantidad de Kéfir de agua, por la mañana, al mediodía y por la noche, ½ litro cada vez.

El Kéfir no es un remedio universal. Cuando exista enfermedad, siempre se debe acudir al médico. El Kéfir puede ayudar a la Medicina por su efecto desintoxicante en muchas enfermedades.

El Kéfir de 24 horas actúa como laxante y se debe tomar por la noche, con una duración de 2 a 4 semanas. En cambio, el de 48 horas, regula y restablece la función intestinal.

El Kéfir de agua tiene unas propiedades con efectos superiores al Kéfir de leche. Se puede tomar en mucha más cantidad (de 1 a 3 litros al día).

Conservación:

Si lo que queremos es guardar el Kéfir sin preparar la bebida, ponemos el Kéfir con agua (sin cloro) y azúcar durante cuatro o cinco dias. Si tenemos que guardarlo por más tiempo, tambien lo podemos congelar. Para congelarlo, lo ponemos en el congelador, limpio y sin agua, en una bolsa de plástico o un tarro de cristal.

http://www.kefir.net/

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