lunes, 14 de septiembre de 2009

La Amistad


"Cuántas veces en la vida me ha sorprendido cómo, entre las multitudes de personas que existen en el mundo, nos cruzamos con aquellas que, de alguna manera, poseían las tablas de nuestro destino, como si hubiéramos pertenecido a una misma organización secreta, o a los capítulos de un mismo libro. Nunca supe si se los reconoce porque ya se los buscaba, o se los busca porque ya bordeaban los aledaños de nuestro destino.


Como todo lo que hace a la esencia de la vida, a su desnudez, la amistad pertenece a la lógica del don. Y, también, como lo esencial, pertenece al acontecimiento de la singularidad. Al orden de lo que no se suma, el orden de lo único, cada uno y cada vez. La palabra amigo nace de una raíz griega de la que derivan también amor y amigable. No sorprende: la amistad, lo sentimos, es una de las formas del amor, la forma que toma cuando la intimidad excluye la distancia. De la misma raíz también sale ama, en el sentido de madre, de mamá. Tampoco esto debería sorprender si pensamos que la amistad, como todo amor, tiene capacidad de fecundar: engendra singularidad: alguien me elige, me sustrae del tumulto de otras relaciones humanas, me hace único, sin hacerme "suyo". En este sentido, la amistad es como un nudo desatado, un pacto de gratuidad, es un acontecimiento no sólo del amor sino también de la libertad, pero la libertad comprendida en la historia del otro, del otro amigo: del singular. Este "sin hacerme suyo" diferencia la amistad del amor de pareja, incluye a los otros pero sin fusión ni física ni espacial. La amistad es, constitutivamente desinterés: no saca ni guarda nada de esa relación, salvo, claro, la gratificación afectiva: el sentimiento y el crecimiento de comprometerse en lo humano por lo humano.

Deliberadamente hable de ser elegido, no de elegir. La amistad, dijimos, pertenece a la lógica del don: no es un acto de mi voluntad, no decido ser amigo de tal o cual, acontece. Se da, se me da. Después puedo buscar razones, explicar, pero sobre algo ya acontecido, ya sentido; el origen de la amistad como de toda forma de amor, se impone o, al menos se propone a mi respuesta, a mi sensibilidad. Por eso la amistad también es un dejarse elegir. Una disponibilidad: la de darme, entregarme. Arriesgarme a una relación. Abrirme y dejar entrar. Como don, la amistad es una gracia: la gracia de poder ser gracia para otros, dar amistad a alguien que me busca como amigo. Llegar a ser más yo."


Texto del Padre Hugo Mújica

(Dedicado a todos mis amigos, en especial a alguien
que me ha acompañado por 5 años y que me acompañará
por varios años más.)

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