lunes, 24 de mayo de 2010

Fitoterapia


Desde hace unos años, la utilización de las plantas en terapéutica ha sido objeto de renovado interés. Durante milenios, las plantas fueron el principal remedio para las dolencias de la humanidad, y llegó el momento en que los médicos de antaño ya no se limitaron a preconizar el empleo de plantas tal como se encontraban en la naturaleza y, para administrarlas a los pacientes en forma más eficaz, se procedió a la extracción de sus principios terapéuticos.

Cuando la medicina experimental hizo su aparición en el siglo xvi, se logró aislar, y más tarde producir, algunas sustancias activas, llamadas entonces alcaloides. Con ello, los químicos se situaron en primer lugar para la elaboración de los medicamentos, y así nació la quimioterapia. Aparecieron los medicamentos de síntesis y con gran rapidez se extendieron a todos los campos de la medicina.

Estos tratamientos eran muy eficaces y cabía pensar en que tales productos gozarían de prolongada existencia, pero, poco a poco, sus éxitos fueron menos espectaculares, los resultados se hicieron cada vez más dudosos, e incluso hicieron su aparición los efectos nocivos.

En vista de ello, numerosos investigadores centraron su interés en la medicina de las plantas, la fitoterapia (del griego “phiton”, planta, y “therapeuein”, cuidar o curar). Esta ha vuelto a situar en lugar de honor medicaciones muy antiguas, pero todavía no ha desvelado todos sus secretos. Una de sus ramas principales, tal vez la primordial, abre grandes horizontes: se trata de la modalidad de tratamiento que utiliza las esencias de las plantas, la llamada aromaterapia.

Por otra parte, la ciencia moderna permite explicar las innumerables virtudes de las plantas medicinales, puesto que los análisis químicos de los principales constituyentes activos demuestran que los componentes de las plantas susceptibles de una acción terapéutica son de una gran diversidad y de una complejidad capaz de cubrir gran número de campos de aplicación.

Una ciencia muy antigua

En todos los tiempos, el hombre ha utilizado numerosos vegetales, pero de un modo empírico, puesto que pronto adquirió la costumbre de buscar en la naturaleza aquello que pudiese curar sus dolencias.

Los egipcios sabían utilizar numerosos medicamentos extraídos de las plantas. Anestesiaban con maceraciones de plantas en vino, y procedían a la momificación según una técnica minuciosa, con ayuda de plantas, de esencias aromáticas, resinas y salmueras cuyas propiedades antisépticas conocían ya.

Al parecer, incluso sabían preparar, alrededor del año 2000 a. C, una esencia de cedro, calentando madera de cedro en un recipiente de arcilla sobre el que colgaban hebras de lana que se impregnaban del vapor; bastaba seguidamente con prensar estas hebras para obtener la preciada esencia.

Más tarde, numerosos médicos citaron en sus obras las plantas que utilizaban con gran frecuencia. Hipócrates, por ejemplo, nombra más de 250 plantas empleadas en su terapéutica, y Dioscórídes describe unas 800 en su obra De materia medica.

Entre los romanos, Plinio el Joven y Catón el Viejo utilizaron numerosas plantas con fines médicos, y la col, citada con gran frecuencia, fue en toda época un medicamento milagroso.
A su vez, Carlomagno reconoció oficialmente el interés de las plantas y ordenó el cultivo de numerosas especies vegetales: árboles y arbustos, legumbres y flores.

En la Edad Media, los árabes estudiaron a fondo la destilación. Por consiguiente, a lo largo de toda la historia se encuentran personalidades ilustres interesadas por las plantas. El siglo de Luis XIV se distinguió en este aspecto, y el Rey Sol las empleaba principalmente para neutralizar los efectos de un apetito excesivo.

Los vegetales han constituido pues, durante siglos, los medios principales puestos a la disposición del hombre para combatir sus dolencias. Con la ayuda de la experiencia y al progresar los medios de que disponían los investigadores, su utilización ha pasado de la fase empírica a otra más elaborada.

La naturaleza, una botica maravillosa

“El jardín es una botica de la que deberíamos servirnos más a menudo”, se ha dicho con razón, y el enfermo que hoy desea escapar a la influencia de los medicamentos de síntesis se vuelve hacia el médico que ha optado por curar mediante la fitoterapia y la aromaterapia.

La medicina de las plantas no es, en modo alguno, un retroceso hacia épocas ya superadas, ya que el médico dispone, para ayudarle a establecer su diagnóstico, de todos los procedimientos habituales, aparte los medios de origen natural. Encargara los exámenes complementarios útiles —análisis de sangre y de orina, radiografías, etc.— y sus medios de detección de la enfermedad son los que le permita utilizar la ciencia actual.

Donde la acción del médico mostrará una divergencia será al recetar, pues en vez de prescribir los medicamentos químicamente puros producidos por los laboratorios farmacéuticos, recetará a su paciente medicamentos que contengan los principios activos de tal o cual planta o bien, según los casos, la propia planta, aislada o en asociación.

Evidentemente, la acción de estos principios activos tiene la misma meta que los medicamentos químicos. Pero los primeros son completos y se benefician de la compleja obra de la naturaleza, en tanto que los otros son simples y sólo se benefician de su virulencia, que puede llegar a ser exagerada.

El elemento vegetal, para actuar por completo, con fuerza y suavidad a la vez, debe estar entero, provisto de todos sus componentes. Si los químicos han podido separar un vegetal en sus constituyentes más simples, no han logrado, en cambio, reconstruir el vegetal entero a partir de sus componentes mejor conocidos. Se cree conocer la composición de la col, pero no se sabe realizar la síntesis de la col.

Para poder actuar, el producto natural comporta en su fórmula todos los elementos necesarios para su acción. Los diferentes factores se completan, se refuerzan o se moderan entre sí. Tomemos como prueba el ejemplo de una enfermedad, el escorbuto.

Jamás ha podido ser curado por la vitamina C (llamada vitamina antiescorbútica) de síntesis, incluso tomada a grandes dosis. En cambio, el escorbuto se cura con ciertas verduras o frutas (col, limón). ¿Por qué? Porque, en el vegetal, la vitamina C va asociada a otra vitamina (C2) necesaria para su acción.

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