jueves, 8 de julio de 2010

El cardo mariano




En el mundo contemporáneo nuestro hígado tiene una misión casi imposible. Una de las funciones principales de este órgano vital es la de procesar y desintoxicar numerosas sustancias que ingerimos o que nuestro propio organismo produce.


En nuestros dias la contaminación ambiental, los cientos de sustancias químicas tales como pesticidas, hormonas, antibióticos, y residuos de metales pesados presentes en los alimentos que ingerimos añaden una carga adicional a la ya pesada carga que siempre ha tenido el hígado.


Añádale a esto el consumo de drogas ilícitas, medicamentos, el excesivo de alcohol (todo esto es procesado por el hígado) y los excesos alimentarios en que incurren muchas personas y debemos concluir que bajo estas condiciones no es de extrañar que las enfermedades del hígado se hayan convertido en algo común.

El cardo mariano o cardo lechoso, es una planta con una larga historia como sustancia protectora del hígado. A pesar de que también tiene su utilidad en el tratamiento de dolores de cabeza, neuralgias y algunas condiciones alérgicas la atención moderna se ha centrado en sus efectos protectores y regeneradores del hígado.


Las investigaciones modernas confirman este uso. Un artículo publicado en 1991 en la importante revista europea Planta Medica señala que el cardo mariano es indudablemente el agente farmacéutico mejor documentado para el tratamiento de las enfermedades del hígado.

La silimarina es el principal compuesto protector del hígado en el cardo mariano. Este compuesto presente principalmente en las semillas actua como antioxidante en las células del hígado protegiéndolas de los daños causados por radicales libres. La silimarina también incrementa la capacidad del hígado para regenerarse mediante la producción de nuevas células saludables. También mejora la capacidad del hígado para eliminar toxinas del organismo.

Numerosos estudios confirman los efectos benéficos de la silimarina en casos de hepatitis crónica, cirrosis y degeneración grasa del hígado. Los efectos más dramáticos se producen en casos de cirrosis y de hepatitis tóxica.

Según un estudio publicado en octubre de 2006 en la revista Phytotherapy Research, la silimarina también tiene la capacidad de ayudar a quienes padecen de diabetes tipo 2 a controlar sus niveles de glucosa y reducir el nivel de glicación, es decir, la cantidad de hemoglobina que se encuentra unido a moléculas de glucosa, este es un proceso dañino que en los diabéticos se produce a niveles elevados y es causante de muchas de las complicaciones de esta enfermedad.

La mejor forma de administrar el cardo mariano es por medio de cápsulas estandarizadas a un contenido de 140 miligramos de silimarina. Se puede comenzar con una cápsula dos veces al día y aumentar a tres veces al día de ser necesario. El te de cardo mariano no parece ser tan efectivo como las cápsulas ya que la silimarina es una sustancia que no se disuelve muy bien en el agua.

Precauciones
El cardo mariano presenta muy pocos efectos secundarios aun en casos de uso prolongado. Puesto que promueve el flujo de bilis algunas personas experimentan un cambio hacia unos movimientos intestinales blandos. En estos casos ingerir sustancias ricas en fibra soluble en agua puede ser de ayuda.

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