sábado, 30 de octubre de 2010

LEALTAD


La lealtad es un vocablo sinónimo de fidelidad; uno y otro significan exactitud en el cumplimiento de compromisos, con apego y devoción.

En el reverso de la medalla está la traición que asombra, que hiere y lastima.

La persona leal es dueña de carácter, tiene fortaleza para vencer tentaciones de embolsarse treinta monedas, o para ocupar, mediante las malas artes, un puesto político o directivo.

La lealtad navega en una barca donde no hay oro para repartir, ni espadas para pelear. Por eso es tan escasa o de plano inexistente, en los partidos subsidiados por el Estado.

Es un valor que procesa la inteligencia y asumen el alma y el corazón.

La lealtad se asume por decisión propia y libre; el leal no se esconde de los demás, no busca pretextos ni rincones oscuros para engañarse a sí mismo.

Se expresa con palabras, pero se demuestra y se confirma con la conducta firmada por la congruencia.

La lealtad hacia el compañero y amigo, debe ser sólida y fuerte; la lealtad hacia los valores éticos debe ser inconmovible.

La lealtad hacia las personas es cuestión de honor; hacia los principios, es asunto de conciencia.

Es que, por encima de los hombres, están los principios; es que mientras los hombres mueren y desaparecen, los valores y principios permanecen y trascienden.

La lealtad está ahí para estimarla y abrazarla; para pulirla y esculpirla como diamante

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