miércoles, 19 de enero de 2011

LAS 13 LUNAS


A lo largo de los tiempos la Luna ha estado con nosotros. Nace, crece, madura, envejece, muere y vuelve a nacer. La dama de la noche, la señora de las mareas, la Diosa de las estrellas, son algunos nombres con los que identificamos a la hermosa Luna. Es el satélite natural de la Tierra que se relaciona tan estrechamente con nosotros, como los propios ciclos de la vida. Para algunos la Luna posee una magia, un poder especial, que inspira, renueva y nutre el alma, es la musa de poetas, místicos y amantes. Es el punto celeste que nos recuerda nuestra frágil existencia con sus cambiantes fases.

La Luna y los celtas

El mundo Antiguo está cubierto de magia, mitos y leyendas que nos revelan entre sombras verdades eternas, misterios sagrados que esconde la naturaleza. Uno de los pueblos amantes de la Luna fue la celta. Los celtas conquistaron el mundo antiguo desde el siglo quinto antes de Cristo hasta el segundo de nuestra era, heredando a toda Europa y después a América profundos conocimientos y gran amor por la señora de los cielos, la Luna.

Para los druidas -los magos y sacerdotes celtas- la Luna representaba el aspecto femenino de la naturaleza, la consideraban de forma simbólica, como la madre y esposa co-creadora del universo junto con el Dios padre, el Sol; por lo que la religión de los celtas reverenciaba a la Diosa y el Dios como divinidades complementarias que dieron origen a toda la creación.

Sin embargo en algunos aspectos la Luna cobraría gran importancia en el mundo antiguo al ser la primera forma de que el hombre podía leer el tiempo. Al observar los ciclos de la Luna entendieron los cambios de la naturaleza, los ciclos de la mujer y los momentos de las cosechas, convirtiéndose así en una representación cosmológica de los ciclos de la vida del ser humano.

Los celtas al igual que los nativos norteamericanos y los mayas marcaron su vida con la Luna, elaborando y siguiendo un calendario conformado por trece luna llenas que corresponden a lo que nosotros conocemos como un año solar. Cada Luna llena está asociada con las cosechas, los vientos y los cambios estacionales, presentando así características específicas que permiten diferenciar una lunación de otra. Para los pueblos antiguos, y hoy para los brujos y brujas wicca, cada Luna del año es una celebración que nos invita a reflexionar y a entender nuestro lugar en la Tierra. De acuerdo con las diferentes tradiciones los nombres de las Lunas del año pueden variar, pero han conservado siempre una estrecha relación en su significado.

Primera: Luna fría
Segunda: Luna rápida
Tercera: Luna tormentosa
Cuarta. Luna ventosa
Quinta: Luna florida
Sexta: Luna soleada
Séptima: Luna bendita
Octava: Luna del maíz
Novena: Luna de la cosecha
Décima: Luna de sangre
Undécima: Luna de luto
Duodécima: Luna de las noches largas
Decimotercera: Luna azul

RITUALES LUNARES

Los antiguos rituales celtas que llevan a cabo los druidas, no se han perdido del todo; actualmente la wicca o nuevo paganismo, busca recuperar las viejas tradiciones de adoración y amor a la naturaleza al revivir en los corazones a la Diosa mediante los rituales de la Luna.

Los brujos y brujas wicca celebramos a la Luna llena trece veces al año y a la Luna nueva cuatro veces (en los equinoccios y solsticios). Estas fechas son consideradas momentos muy propicios para un reencuentro con la Diosa, la magia natural y el reino de las hadas. Los rituales de la Luna, esbats o aquelarres de los tiempos antiguos eran, al igual que hoy en día, reuniones de mujeres brujas o practicantes de la antigua religión celta) que bailaban, cantaban y recitaban poesía bajo la hermosa Luna llena en los bosques de Europa.

La magia tenía lugar en estos momentos sagrados en que las mujeres se acercaban a la Diosa madre y rogaban su ayuda para sanar alguna enfermedad, mejorar la cosecha, tener hijos o alcanzar dones espirituales, nada tenía que ver con demonios muerte o maldad, como nos han hecho creer durante tantos siglos. Wicca busca en la actualidad recuperar los antiguos rituales y reconectar a los hombres y a las mujeres, con las energías femeninas, con el amor, la ternura, la compasión y la espiritualidad que tanta falta le hacen al mundo de hoy en día.

LA MAGIA LUNAR

Al hablar de magia en Wicca nos referimos a las energías creadoras que existen en la naturaleza, al poder de la aurora, de los ríos, de los animales y las plantas, la magia es la energía perfecta cíclica y armónica que hace que las cosas sucedan en el universo.
La magia lunar está relacionada con las diferentes fases por las que transita la Luna durante un periodo de 28 días, como una forma de conectarnos con nuestros propios ciclos internos y con los cambios que vivimos diariamente en el mundo. Para dar un uso mágico a los ciclos de la Luna tomaremos en cuenta ocho estadios.

El primero corresponde a la Luna nueva o la Luna obscura, representa el vacío, las posibilidades infinitas que se esconden bajo la tierra fértil antes de que la semilla sea plantada. Este momento de la Luna está relacionado también con el reino de las hadas en el folclore celta ya que ya que se considera un tiempo propicio para sumergirse en la oscuridad de la noche y entrar en contacto con los espíritus de la naturaleza. Los hechizos más comunes en esta fase son los relacionados con la meditación, la contemplación y el autoconocimiento.

El segundo estadio corresponde a la media Luna creciente, representa el inicio de la energía, la semilla que ha sido plantada en la tierra.

El tercer estadio o fase lo llamaremos cuarto creciente, representa las primeras hojas que dan origen a una planta, los hechizos más comunes en esta fase son los relacionados con el crecimiento y la fuerza que nos impulsa hacia nuevos horizontes.

El cuarto estadio es la Luna convexa, representa el momento del capullo o la planeación de aquello que deseamos lograr.

El quinto estadio es la Luna llena, la plenitud de la flor que se abre a la vida, es el mejor momento para la magia, la fuerza, cargarnos de energía y abrirnos al amor, la belleza y la espiritualidad. En este momento se llevan a cabo los rituales de la Diosa.

La sexta fase es la diseminaste representa el fruto que se obtiene después de la floración, es un buen momento para fortalecer los éxitos logrados y metas alcanzadas.

La séptima fase corresponde al último cuarto menguante es el momento de la caída del fruto maduro, nos conecta con la capacidad de soltar y disfrutar de las ganancias pasadas.

El octavo y último estadio o fase es la balsámica, representa la semilla que vuelve a la tierra. Los rituales de renacimiento nos conectan con la última morada del ciclo de la Luna.

LAS DIOSAS LUNARES

Entender a la Luna es conocer a sus Diosas, a sus mitos y leyendas. En todas las culturas antiguas encontramos Diosas lunares que son asociadas con los tres momentos: la juventud, la madurez y la vejez. Las Diosas que se relacionan con la fase creciente son llamadas Diosas blancas, doncellas o vírgenes, entre las que encontramos a Ishtar o Astarté, Artemisa, Venus y Atenea. Las Diosas que se relacionan con la Luna llena son Diosas rojas, madres y protectoras como, Isis, Hera, Demeter y Gaia. La fase menguante de la Luna está asociada con la muerte, el cambio y la transmutación: a sus diosas se les conoce como obscuras, ancianas, arpías y brujas, como Lilith, Kali, Freya y Héate.

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