sábado, 25 de junio de 2011

Osito Pancho

El post anterior me abrió de repente un recuerdo, un intenso recuerdo que hoy quiero traerlo a mi realidad.

Mi osito Pancho...Esta es la historia:

Mi Tate (hermano de mi madre) me regaló un osito rojo, del cual no me despegaba ni para dormir. Adoraba a ese osito. Nunca jamás volví a sentir tanto cariño por un muñeco. Bueno, en realidad si un poquito menos por la "Olaica", pero esa osita era muy rosita. A mi me había enamorado mi Osito Pancho, "tan pancho" él, tan simple, tan cariñoso y sencillo. Llegó un día que tuve que tomar asuntos de médico y decidir curarlo. Fué un asunto de cirujanos, muy serio para mi y con sólo 5 años (creo) busqué tijera, papel de diario y plasticola. Debajo de la escalera de nuestra casa, arrodillada, tras algunos intentos por fin pude recortar algo parecido a un ojo. (Por que Pancho había perdido uno, no me acuerdo cómo en realidad, pero iba por la vida con un solo ojo). ¡Lo quería tanto! y sin conocer la moda del reciclaje, por que en esa época, todo se reciclaba, no era una tendencia, todo se volvía a re-utilizar. Pude pegarle al fin ese ojo que le faltaba y felizmente volvió a disfrutar de una vista más amplia y diferente. Pancho lo agradeció...
Jamás se me hubiera ocurrido pensar que en esa etapa de la niñez, en que sientes que todo te pertenece, que iba a tener un sentimiento de compasión por una niña pobre. Un día llegó a casa la hija de la señora que le ayudaba a mi mamá con las cosas de la casa y sentí que se me encojía el corazón, la ví con esa ropita tan sucia y con esa cara tan paspada por el frió y la falta de cuidados y sin pensarlo le regalé mi Osito Pancho, MI TESORO más presiado, mi joya, mi compañero, mi bastón, mi familia, mi protector, mi hijo, mi mejor regalo, mi TODO!!!. Pues sí, se lo regalé con todo el amor del mundo. Ese día creo que me hice grande y comencé a decubrir el dolor y la soledad de quedarse solo con uno mismo. Ese día lo tengo muy presente y no sé que hubiera sido mejor.....Al día siguiente me arrepentí de haberle regalado ese muñeco roto pero muy valioso para mi a esa niña.  Me arrepentí y lloré ríos, lloré mares, lloré océanos, lloré hasta crecer.  No hubo consuelo para mi durante mucho tiempo, a veces me calmaba el recuerdo de la carita feliz de la niña con su osito bien apretado a su cuerpo.  Esa carita feliz no TIENE PRECIO. A veces cuando uno pierde, en realidad gana. Gana la experiencia de ver claramente la felicidad dibujada en otro rostro, que no es nada más ni nada menos que tu propio espejo.
Es curioso cómo funcionan los niños, viven tan intensamente el presente, que no miden más allá de la realidad que están viviendo. Esa fué una lección muy importante para mi. Y es por eso que lo traigo a mi blog y lo guardo dentro de mis TESOROS ESCONDIDOS, para darle vida a Pancho,  mi primer maestro que me ayudó a CRECER y a comprender (hoy) que SOLTAR, aunque duela mucho, nos ayuda a entender que la felicidad del otro, también es la nuestra.

P

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ayyy osito Pancho!!! Aun lo recuerdo. Que bella y dulce historia. Te quiero Hermana.
Gaby

Papallona dijo...

Pues...después de algunas expriencias he comprendido que primero UNO, después la FAMILIA, después los AMIGOS y por útlimo los DEMÁS....
A los cinco años no hay discernimiento, sólo se vive el momento, como realidad única y de mayor importancia...
Pero si llegáramos a unir, corazón-consciencia y experiencia, ejecutaríamos los actos con una perfecta SABIDURÍA, y desde allí el compartir sería limpio y verdaderamente SINCERO.
Gracias TATE por este regalo, uno de los más importantes de mi vida de niña. Y que descances en paz.