martes, 3 de enero de 2012

La verdadera madre


Con la sentencia ‘dadme otras madres y os daré otro mundo’, San Agustin ponía de manifiesto cuál era el punto débil de su proyecto de sociedad, y la necesidad que tenían de cambiar de una vez por todas a las madres. Cambiar a las madres para vencer a la naturaleza humana y su predisposición a organizarse y a vivir como lo había hecho durante mucho tiempo, sin dominio ni esclavitud, en paz y en cooperación (1). Nuevas madres para reproducir los filia continuadores de las empresas guerreras, humanos aptos para hacer la guerra o para ser esclav@s. No se podía hacer este mundo sin cambiar a la madre.

La sociedad patriarcal se levantó sobre un matricidio, acabando con las generaciones de mujeres con cuya desaparición desapareció también la paz sobre la Tierra (Bachofen). Y esta es la civilización que hoy todavía perdura, sin cesar de destruir la vida y de corromper la condición humana, más competitiva, más fratricida, más guerrera y más despiadada que nunca. Desde mi punto de vista, no es la economía lo que está en crisis, sino el modelo de civilización. La encrucijada en la que se encuentra la humanidad, lo que tenemos planteado, si es que queremos acabar con este mundo de dominación y sobrevivir, es la recuperación de la verdadera madre, y con ella las cualidades básicas de los seres humanos, que nos capacitan para el entendimiento (y nos incapacitan para el fratricidio).

Recuperar la madre verdadera es recuperar el entorno que la rodea, su habitat; Bachofen acuñó una palabra en alemán para definirlo: el Muttertum, hecha con el sufijo ‘tum’ (equivalente al ‘dom’ inglés) que significa el sitio, el lugar de la madre. Pero no es solo un espacio físico, sino un conjunto de relaciones trabadas con su fluido libidinal específico: el fluido femenino-materno, al hálito materno (2), porque las producciones de nuestro sistema orgánico libidinal, diseñado para organizar las relaciones humanas, son la materia prima del tejido social humano original. El Muttertum es entonces como la urdimbre de la tela social, como lo llamó en su preciosa metáfora Martha Moia (3): un conjunto de hilos, porque un hilo solo no hace urdimbre. Recuperar la madre verdadera entonces supone recuperar el colectivo de mujeres y su función colectiva dentro de un grupo social determinado. La recuperación de la madre no es una recuperación individual (aunque tenga una dimensión individual y corporal), sino la recuperación del femenino colectivo, del nosotras.

"La verdadera maternidad es un despliegue de nuestra sexualidad"
Autora: Casilda Rodrigañez Bustos

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