sábado, 22 de septiembre de 2012

La libertad para vivir y para amar es nuestra


“Hoy nos gustaría continuar la discusión sobre el tema del amor divino, lo que es y lo que impide experimentar el amor más grande que alguna vez se podría conocer. El amor divino es la más profunda sensación de libertad que podría llegarse a conocer. Es saber que nunca estás solo y que suceda lo que suceda en esta vida o en la próxima, eres eternamente amado desde adentro, y no desde afuera, sino desde la Fuente de todo amor, el Dios de la creación. El amor divino es independiente de todas las fuentes externas, y debido a que es independiente y desde adentro, no hay nada que pueda impedir su poder de transformación para aquellos que lo aceptan.

“El miedo, amigos míos, es el esclavizador de esta libertad para ser amado y conocer con total seguridad el destino. Ustedes, estudiantes en el camino que están comenzando a experimentar esta sensación de completa libertad y seguridad del destino, conocen muy bien lo que puede generar el temor en aquellos que les rodean, quienes no tienen el amor y la luz de la libertad total. El orgullo, el egocentrismo y el egoísmo son los creadores del miedo y la desconfianza, pues los que caminan en tinieblas temen perder su control sobre la situación temporal, o que parecerán débiles ante los ojos de sus compañeros si abrazan un ideal como el amor divino, la fe y la aceptación.

“Los que temen a la luz suelen permanecer de pie, de espaldas a la puerta del amor, previniendo a aquellos que estarían dispuestos a entrar. Cegados por el ego, no pueden ver que ellos también deben pisar el mismo suelo que ustedes están experimentando, quienes tienen la luz, para que puedan recibir la vida eterna. Los que se resisten al cambio y rechazan la luz, deberán permanecer en su lugar hasta que con el tiempo puedan ver el error de su forma de pensar, y elegir voluntariamente seguir adelante y progresar hacia la luz, si no en este mundo, en el siguiente. No obtienen nada con la muerte, continuan en el mismo lugar, espiritualmente hablando, y deben descubrir por sí mismos la libertad de vivir en la luz del amor divino y la seguridad.

“La fe es el puente que conduce de la oscuridad a la luz, porque solo la fe puede romper la esclavitud del miedo que impide que el alma crezca. La fe en la soberanía de Dios y en Su promesa de vida eterna, lleva a esta bendita seguridad y total libertad de todo temor. La expresión de amor por vuestros semejantes (los frutos del espíritu) es el signo exterior de que un alma está progresando y avanzando hacia esta libertad del miedo. La fe puede ser adoptada voluntariamente o puede acompañarse de un gran dolor.

“Aquellos que se resisten al amor divino y a la luz, tendrán la oportunidad de dar un paso hacia la luz a costa de un gran dolor, porque el amor de Dios para todos es tan grande, que Él hará todo lo posible para extender Su mano de amor y misericordia a los que están en confusión. Una vez que todas las oportunidades y misericordia hayan sido rechazadas, aquella alma ha tomado la decisión de declinar la vida eterna y poner fin a la continuación de la existencia, porque Dios no impone Su regalo de eternidad a ninguna alma.

“La libertad de vivir y amar es vuestra. El Creador desea que experimenten el amor divino para conocerlo a Él y para saber que ustedes son los hijos de este Padre Creador, quien los ama incondicionalmente y quien hace todo lo posible para demostrar Su amor por ustedes al buscar aquello que se perdió, y al extender Su invitación para entrar en el redil de Su amado rebaño y experimentar la vida en la creación con la mayor medida de perfección, para llegar a ser perfectos como Él es perfecto. La puerta hacia la eternidad está abierta para todos los que acepten el amor divino.

“Paz para ustedes,
“El Círculo de Siete.”

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